Ese si que fue un encuentro desafortunado, desde el día en que te vi, tú eras ese hombre apuesto que provenía de otro país, yo en cambio una sumisa niña que te miraba con ojos especiales.
Un verdadero encuentro donde surgía mi amor por tí, todo fue especial, todo brillaba, hasta el día en que nos casamos.
Esa noche entregue todo el amor que sentía por tí y ese seria el inicio de una vida plena y llena de pasión. Amores del corazón, con todos los sentimientos a flor de piel.
El tuvo que marcharse y prometió que vendría a mi búsqueda, tardó mucho tiempo, y yo siempre mirando ese horizonte lejano donde algún día aparecía a mi encuentro.
Durante ese tiempo fui mamá, con un pequeño niño al que cuide con mucho amor, siempre hablando de la venida de su padre, en poco tiempo.
Hasta que pronto él se enteró en el lugar que estaba que había sido padre de un hermoso niño que lo esperaba.
Me alegré cuando me dijeron que él venía desde tierras lejanas, mi corazón latía intensamente, venía a buscarnos, sentía mucha felicidad.
Pronto nos encontramos frente a frente, pero todo se derrumbó, él se presentó junto a una hermosa y distinguida mujer, su esposa, pero allí me di cuenta que no venía a buscarnos, sino simplemente a nuestro niño.
Yo me despedí de él, con todo el amor de madre y se lo entregue, quedé tan triste y sola, en una tierra lejana a la de él.
No los vi más, tan sola quedé, mi corazón se rompió en mil pedazos, ya había perdido mi amor, el amor de ese hombre y de mi niño.
Entonces una cruel decisión tomé, y por los aires volé, junto a aquellas mariposas que tan libres son, surcando los aires y desplegando todo su color.
Frágiles como ellas, quedo mí corazón, sólo me queda volar y volar.